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De música y poesía

De música y poesía

Siempre me jalaron las letras de las canciones y, no porque las melodías no fueran un eslabón importante en la construcción de una canción –sin olvidar los fraseos armónicos y los climas a los que nos tienen acostumbrados los buenos músicos y las buenas canciones–, sino porque la letra termina por enredarnos en una historia que pasa a formar parte del soundtrack de la vida.

Hay letras perfectas, ingeniosas, irreverentes, lacerantes, transparentes, que hieren sin freno y nos hacen elucubrar situaciones impensadas. Es una parte de la música que me pone en contacto con la sensibilidad de los compositores-poetas para desnudar almas y confundir pasiones. Es como cuando uno se sube a una marea interminable de frases construidas con las cenizas que dejaron algunas bajas y altas pasiones. Sin haber vivido entre muchos de los compositores que describen situaciones inimaginables en versos elaborados en larguísimas tertulias de ron y lo que hubiese.

Desde los cánticos para traspasar la fronteras de la censura de Caetano Veloso, Milton Nascimiento, Joan Manuel Serrat… hasta los sinsabores sociales de Víctor Manuel, Sabina, Aute, Violeta Parra, la negra Mercedes Sosa y los cubanos Milanés y Rodríguez, que nos encantaron con sus coplas revolucionarias, cargadas de amor y desamor, un diálogo poético que hace entrañable una canción, una verdadera canción con todas sus letras.

Sin lugar a dudas, desde mi experiencia, la música de autor española de los años setenta nos puso ante una nueva realidad: experimentó un notable cambio muy relacionado a la recuperación de la obra de poetas, reflejado, en un primer momento, por la mirada audaz de algunos músicos que difundían versos hechos canción de poetas como José Agustín Goytisolo. Recordemos que el poeta y cantautor Paco Ibáñez favoreció la difusión de sus versos más allá de los círculos literarios.

Esta tradición es un elemento innato de la música. Los trovadores y juglares medievales relataban y musicalizaban hazañas y andanzas comunes contadas en la lengua del pueblo. Algunos poemas parecieran llevar implícita una melodía que ansiaba vivir más allá de las páginas. Este proceso contagió a compositores quienes decidieron exponer sus propios trabajos desde la mirada de un músico. Partieron de melodías y compases para ofrecer bellas canciones que perduraron con los años. Esta es una muestra real de que las pasiones siguen siendo las mismas, pero expresadas con líneas –digamos– innovadoras, por decir algo. Versos que despliegan aromas y entrelazan sus hilos de colores a modo de alfombra persa, que traducimos por el arte musical, ese que los transforma en finales desgarradores y enigmáticos.

Algunas letras quedan: 27 años /y todavía no comprendo/ qué demonios hago/ pasando frío en el infierno/ Y no soy buena chica o por lo menos lo parece/ porque nadie me mira/ cuando muerdo las paredes/ Tengo una pistola por si un día todo falla/ en vez de hacer la cola poder saltar la valla/ Tengo una pistola por si un día todo falla/ pero no tengas miedo/ ahora no está cargada (Tengo una pistola de Cristina y Los Subterráneos). O la de buen Sabina que dice: Y en otros ojos me olvidé de tu mirada/ y en otros labios despisté a la madrugada/ y en otro pelo me curé del desconsuelo que empapaba mi almohada/ Y en otros puertos he atracado mi velero/ y en otros cuartos he colgado mi sombrero/ y una mañana comprendí que a veces gana el que pierde a una mujer.

Entre versos y melodías y melodías y versos terminamos por repetir que la música es el arte de expresar los sentimientos y las pasiones mediante los sonidos, más allá del bien y el mal. Y la poesía, según Platón, es como la parte del alma que en nuestras desgracias particulares nos esforzamos por frenar, que tiene sed de lágrimas y quisiera suspirar y lamentarse a su gusto. Y es esta su naturaleza, que se expresa en canciones con letras bien puestas y no remedo de poesía, con mal gusto y rima primariosa. Es aquella música poética que nos mueve el piso y nos contrasuelea con pasión. Esa es la música que a veces extraño escuchar. (MANUEL VALENCIA)

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